Bueno, como habrán visto, la gente vota con los ojos. Y somos todos ciegos. "Que se vayan todos"... a disfrutar lo que nos robaron para despues volver de manera más "pro", o en forma de Cobos, de Reutemann, hasta el mismo Kirchner. Nos rodea una política barata, autoritaria y anti-democrática. Nos bombardean de afiches y slogans pero no de propuestas. Y los votamos.
Los medios hacen deshacen a gusto para poner a su candidato preferido, o nadie dice que De Narvaez YA ERA DIPUTADO y, encima, NO IBA NUNCA. ¿O fue todo para que pierda el grupo K?, pero claro sí se muestran idioteces como que a Ibarra lo saluda gente de su mismo partido para "parecer querido por el pueblo", haciéndo ver eso como una vergüenza nacional...
Los partidos más progresistas no consiguieron entrar al Congreso salvo Proyecto Sur, que contó con todos los medios con un solo interés -de los medios mismos y no de su partido, quiero creer- que fue el de sacarle votos a Heller y a "los K", en una puja de poder asquerosa en la que somos todos usados. Ni el Socialismo, ni el Partido Obrero, ni la Izquierda de Vilma Ripoll o Zamora, ni el mismo Ibarra consiguieron el 6% que permite ingresar a un representante de su espacio político a la camara de Diputados.
¿Si empezamos a votar a gente como nosotros?, gente común (no como De Narvaez), ¿y si empezamos a votar con la cabeza y no con el culo?.
A los hechos me remito:
Macri y comentarios "off the record".
Saludos a todos.
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A ver, no creo que se vote con los ojos, no creo en esa linealidad comunicativa que dice a tal cosa tal efecto. Claro, no dejo de creer en cierta medida en la Teoría de la Dependencia, al fin y al cabo quien monopoliza la construcción de sentido se coloca en el escalón superior de la escala de poder, y esa es una de las grandes batallas. Sin embargo, aún creyéndolo un factor de suma importancia, no lo creo único y excluyente. Es decir, la votación no se resolvió únicamente por el sentido incorporado por los medios de comunicación (no sólo la prensa, la TV o la radio, sino también la afichería, spots y demás estrategias comunicativas y de propaganda –que en el caso de de Narváez debo reconocer acertadas y altamente eficaces–), sino a su vez a un trasfondo histórico e ideológico ya incorporado en nuestra sociedad y a errores y horrores en la coyuntura.
ResponderEliminarEn principio, ese trasfondo está vinculado al “anti” y a una reticencia a los valores de cambio reales. Argentina abunda en historiografía del “anti”: anticriollismo, antirosismo, antipersonalismo, antiperonismo y, por extensión, antikirchnerismo. El anti pesa. Pero ese anti, pese a que se diga lo contrario, no es meramente superficial, es visceral y de fondo (cuando se criticaba aspectos superficiales del peronismo, es decir, la forma, era por falta de argumentos efectistas, pero en realidad se criticaba los aspectos de fondo; y esto podríamos traerlo a esta etapa y no cambiaría). Y ese anti, si bien tiene esa pata racional del rechazo a los aspectos de fondo, también tiene una pata irracional, visceral, que se traduce en la oposición por la oposición (ya voy a volver sobre esto). Por otro lado, juega la declamación del cambio, pero desde la simbología y no desde la práctica. La idea de cambio, al menos desde el discurso, siempre está vinculada al progreso izquierdizante, si se quiere; ahora bien, del discurso al hecho hay grandes pasos. Ese progreso supone enfrentamiento y desequilibrio; no hay forma de progreso sin choques, pero muy pocos están dispuestos a esos choques. Se exige ese progreso, pero se rechazan las metodologías que llevan a su consecución, lo que significa la nada misma. Entonces se invocan las acusaciones de autoritarismo, antirepublicanismo, demagogia, populismo. Se juega con las buenas intenciones, pero en política las buenas intenciones no son nada sin poder político y sin acción política. Pongamos como ejemplo el caso de las retenciones: se exige que cese el aumento del costo de vida (con lo que estamos todos de acuerdo), cuyo aumento está asociado a la formación de precios y su traslado a la vida cotidiana (el capitalismo funciona así y no de otra forma), pero cuando se atacó el problema (no hay manera de combatir un problema más que accionando sobre sus causas), una porción nada menor de la sociedad salió a reprimir la metodología, sin entender o sin querer entender que sin choque no hay progreso. Teniendo como parámetro un caso sobre decenas, la concepción que se formó sobre el gobierno es precisamente la de un gobierno revanchista, de odio, sin tener en cuenta que para modificar el país en serio medidas como esas son apenas una punta del alfiler. El discurso imperante es el del pacifismo, el de la negociación: es decir, equilibrar para abajo. Y que esto no se entienda como una justificación del autoritarismo (antes de eso me corto las manos), sino que el choque, el desequilibrio es inevitable y necesario.
Otro aspecto que no hay que perder de vista son los propios errores y horrores coyunturales del gobierno. El principal es de orden comunicacional. De 2003 a esta parte no ha sabido, no ha querido o no ha podido encarar una estrategia comunicativa eficaz, contundente. No ha sabido ganar la batalla por la construcción de sentido. Exige del interpretante un grado de análisis casi catedrático para entender cuál es el proyecto de fondo que defiende y cómo se justifican las medidas en ese sentido. Volvamos al caso de las retenciones (que creo que es el más claro). Exigía una explicación política y no tanto técnica; las explicaciones técnicas, por embrolladas, confunden (por más que también sean necesarias). Eso dio pie a la manipulación y tergiversación del sentido de la medida. Es ahora cuando se ven las consecuencias de los horrores comunicacionales (y por ende, políticos), que se siguen cometiendo.
ResponderEliminarOtro error fue más que nada un error táctico. El kirchnerismo, al recostarse sobre la estructura pejotista, dejó a la deriva ese gran movimiento horizontal y progresista que supo ser la transversalidad. Eso significó la fuga de no pocos de los elementos más progresistas que lo sostenían o sostienen. El kircherismo quedó encapsulado en el PJ, mermando sus posibilidades de movimiento. Eso explica, en parte, porqué en 2007 logra imponerse de manera contundente y en 2009 pierde tanto caudal de votantes. En 2007 si bien la base era peronista, con cierta vinculación al peronismo histórico, no todos los elementos kircheristas eran peronistas o estaban vinculados al pejotismo. Acá, ya que están en la palestra, es interesante ver el movimiento de referentes progresistas como Sabatella o Pino Solanas. El kirchenismo, en vez se recostarse sobre sus socios progresistas (donde incluyo a los movimientos sociales y la CTA), decidió hacerlo sobre una estructura conservadora como el PJ. Claro, no era lo mismo que el PJ (el partido más grande del país) estuviera conducido por Kirchner que por Rodriguez Saa, por poner un caso. Pero ese es otro cantar. Allí debería haber estado sí un cuadro del kircherismo (y no precisamente Scioli, como ahora), pero no el mismísimo Kirchner, cuyo lugar central tendría que haber sido el Frente para la Victoria, la transversalidad. (Mal que me pese, pues no soy partidario del personalismo, Kirchner es en el imaginario colectivo la caja contenedora del proyecto).
Pero el error también viene de la mano del progresismo no peronista o no pejotista aliado al kircherismo, que no supo no pudo o no quiso ganar fuerza al interior de la coalición de gobierno, dejándole camino libre a los elementos más conservadores y dejándose sin fuerza a sí mismo. No es en absoluto lo mismo el poder de consenso y convocatoria de Sabatella por sí sólo que el que podría haber tenido de seguir aliado en forma efectiva al kircherismo. Y no es lo mismo el gobierno tal como está que con elementos como Sabatella (y sigo nombrando a Sabatella por estar fresco, pero puedo decir lo mismo de la CTA o los movimientos sociales, que aunque la gran mayoría acompañe, no supieron ganar espacios de decisión de importancia). Y recalco la importancia de esto, porque esta etapa es una etapa histórica donde se pudo romper en forma relativa la cadena de dependencia después de más de 30 años, y dudo que vuelva a darse en lo inmediato. No porque este sea el gobierno de mis sueños (de hecho no lo es), sino por el espacio que se había abierto y que ahora parece cerrarse. Este era el momento para presionar por izquierda, desde el mismo ceno del gobierno.
El resultado de las elecciones, hay que reconocerlo, no es sólo mérito del gobierno o de quienes lo apoyan o apoyaban, sino también de la oposición. Supo erigirse en alternativa de oposición: tácticamente fue impecable, más allá de su contenido ideológico. Vio con claridad la importancia de saber comunicarse y ganó la batalla por el sentido (el más efectivo fue Unión-Pro, en este sentido). Fue, si se quiere, efectivamente populista: desvió el verdadero sentido de la elección (que era la disputa entre proyectos antagónicos) hacia un debate vacío, superficial y de “sensaciones”, terreno que le es cómodo. Unión-Pro recién hacia final de la campaña dejó entrever cuál es su proyecto de fondo (su voluntad privatista o el ajuste sobre la obra pública, que es hoy lo que más genera trabajo), y el ACS también fue bien claro en sus posturas (llevar como cabezas a Morales o a Prat Gay –partidario de la patria financiera– o decir que defenderían a las empresas de ser necesario fue todo un signo), pero ya habían recorrido todo el tramo de campaña desde una posición de fuerza, ya habían instalado el sentido que construyeron: para que el gobierno “aprendiera”, para que cambiara debía perder las elecciones y la mayoría en el congreso. Ese era el objetivo. Las propuestas, en definitiva, poco importaban. Ahora, cabría la pregunta de si la idea era “castigar” al gobierno, porqué el electorado se vuelca masivamente hacia un candidatos (y coaliciones –hablo de Unión-Pro y del Acuerdo Cívico y Social–) que representan todo los defenestrable de los ’90 y no hacia Proyecto Sur o Nuevo Encuentro (teniendo en cuenta que Pino Solanas es tan antikirchnerista como el resto de los partidos; Sabatella creo que no está en una posición “anti” sin ser kircherista). La respuesta que me consuela es que Unión-Pro o el ACS eran los que más posibilidades de ganar tenían, sino debería pensar que el electorado argentino quiere volver a las políticas del Consenso de Washington. Yo diría que fue una oposición por la oposición misma, y no demasiado reflexionada, en todo caso el voto opositor debería haber ido hacia Solana o Sabatella, que son los que encarnan esa exigencia de progreso de la que hablaba antes. (No hablo de los partidos de izquierda porque sus posturas son más para una etapa distinta y más avanzadas de un estadio revolucionario: posturas que todavía no tienen base material para llevarse a la práctica, a menos que se inicie un proceso revolucionario, cosa que hoy no creo posible por la relación de fuerzas, pero que quisiera llegar a vivir aunque lo dudo –además, piensan en la revolución a la vieja uzanza– y el socialismo argentino se parece más a la socialdemocracia europea, con sus razgos neoliberales, así que no lo tengo en cuenta)
ResponderEliminarAhora quedan dos años dificilísimos, con la oposición comandando el Congreso y un gobierno sumamente débil (el kircherismo se quedó sin quórum propio en el senado). Va a pasar lo mismo que en los primeros años del kirchnerismo, donde la oposición rechazaba en bloque todas las propuestas del ejecutivo, fueran buenas o malas (habría que definir qué es bueno o es malo, pero amerita otro debate) y tuvo que echar mano de los decretos (muchos de ellos fueron los causantes del cambio del rumbo económico). Habrá que olvidarse de la profundización de los cambios y acostumbrarse al estancamiento (encima con crisis internacional) y, quienes amamos el periodismo, creo que tendremos que olvidarnos del proyecto de Ley de Servicios de Comunicación o hacernos la idea de una merma en su voluntad democratizadora. Vamos a ver qué pasa, pero el camino a 2011 no lo veo muy alentador que digamos.
Como que escribí poco, che jaja. Me agarraste hiper reflexivo, y encima a los viernes no curso, así que a la mañana estoy al pedo. Y como hace unos cuantos meses que no milito más (estaba en un movimiento social de raíz libertaria) ya no tengo un espacio pa debatir.
Saludos.
PD: por ahí mandé fruta en algunos pasajes, pero qué sé yo